El objetivo de la profecía
es el Señor Jesucristo. “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.
Apocalipsis 19:10. Para traer gloria, honra y alabanza a nuestro Señor
Jesucristo.
Al leer los escritos
proféticos, debemos estar atentos a lo que el Espíritu de Dios está exponiendo
en cuanto a Cristo y la gloria suya. “Nuestra comunión verdaderamente es con el
Padre, y con su Hijo Jesucristo”, a través de su Espíritu Santo. 1 Juan 1:3.
La profecía trata de la
tierra por ser el lugar que Dios ha escogido para realizar su propósito respecto a su Hijo.
El profeta emplea muchas
figuras y símbolos, propios de la escritura antigua, para comunicar sobre un
tema. Esto requiere que ejerzamos cuidado para distinguir entre lo simbólico y
lo literal. No obstante, cualesquiera que sean las figuras que se empleen sobre
el tema de una profecía, nunca es real, es un lenguaje figurativo. Se emplea
para ilustrar el proceder de Dios en lo que comunica al profeta.
Muchas profecías en el Antiguo Testamento tienen tanto una aplicación
cercana, la cual generalmente se cumplió en la vida del profeta o poco después,
y una aplicación más amplia que puede extenderse hasta el fin de una época.
Por
lo tanto, es importante discernir qué parte del pasaje se refiere a las
circunstancias inmediatas, y qué parte a la plena liberación de Israel al fin.
Y al tiempo del fin.
Dios da la revelación, el profeta
es el que profetiza. La profecía siempre debe estar ligada a Jesús tanto en
relación con su primera venida como la segunda.
Cuando se habla en la profecía de ira, se refiere a juicio. De igual forma se puede decir en la profecía día ardiente, de furor, de paga, entre otros.